Me presento como una mujer muy mayor, que vive y está viviendo con alegría por la suerte de vivir tantos años. Si miro hacia atrás, veo siempre distintas acciones que tal vez son una característica de mi vida. La Universidad de Concepción ha sido un elemento muy central en ella. Por eso, comienzo con estas apreciaciones.
Inicios en la Filosofía
Con 30 años y cinco hijos, tuve la suerte de poder estudiar Filosofía en la Universidad de Concepción. Debo aclarar que en esa época no era usual que las mujeres estudiaran, menos si eran casadas o pretendían estudiar Filosofía. Tuve la posibilidad de destacarme como alumna, seguramente por ser más madura que mis compañeros estudiantes. Ya en segundo año me nombraron alumna-ayudante, lo que me obligó a estudiar mucho más. Al término de mis estudios, obtuve el Premio Universidad.
Muy pronto se abrió un concurso que gané para trabajar como docente. Así comenzó mi carrera académica sin tropiezos hasta enero de 1984, cuando el rector delegado de entonces, Clericus, me exoneró. Paradojalmente, en marzo de ese año, la Universidad Católica con sede en Talcahuano, sabiendo de mi exoneración, me contrató como docente. Así entré como profesora de Filosofía en el Seminario Metropolitano de Concepción-Chiguayante, donde enseñé Filosofía a los estudiantes que iban a ser sacerdotes. La Filosofía y el conocimiento han sido ejes en mi existencia.
Un giro político y la labor social
En un momento, se produjo un importante giro político y me correspondía alejarme de la universidad para dirigir dos instituciones creadas por el nuevo gobierno: Integra y Prodemu. Este hecho posibilitó que muchas mujeres llegaran a la Intendencia a trabajar conmigo y superar la dolida sociedad de entonces. Se hicieron muchos talleres muy creativos, e incluso se publicó un folleto con ideas de desarrollo y derechos humanos de las mujeres. Fue un singular momento de participación y colaboración, un aspecto que debería potenciarse en una sociedad democrática como la nuestra.
Regreso a la Filosofía
Después de casi 10 años, volví a mi Alma Mater y reanudé mi trabajo filosófico, recuperando mi labor académica. Siempre me preguntaba por qué no aparecían mujeres en la Filosofía que aprendí, y esto me molestaba. En un momento, una alumna-ayudante viajó a España y me trajo de regalo unas hojas mimeografiadas de una pensadora judía alemana, Hannah Arendt, que vivió la purga nazi. Esto me entusiasmó y apasionó, y empecé a estudiarla y enseñarla con mucha energía. Fue el motivo de mi primer libro, que publiqué en 2008. Antes, en 2003, había recibido el Premio de Ciencias Sociales Enrique Molina Garmendia. Participé en muchas charlas y seminarios, y en mi labor académica publiqué 20 pequeños ensayos de difusión filosófica.
Paralelamente, comencé a dictar clases de Filosofía en programas de Extensión Universitaria. Me sentía muy gratificada: acercar la Filosofía a las personas sin estudios especiales.
Dos docentes del Departamento de Español crearon el Diploma Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, tarea a la que dediqué mucho entusiasmo e interés. Era el primer estudio de este tipo en las universidades chilenas. Contó con mucho apoyo de otras docentes, especialmente del área de la salud. Estuve un tiempo dirigiéndolo, pero me jubilé, y por problemas de financiamiento les fue difícil tener una continuación constante. Institucionalmente, fue un tremendo logro.

Reflexiones sobre el Día de la Mujer
Las actividades que menciono no caben absolutamente en la celebración del 8 de marzo, pero las mujeres de mi relato fueron hitos reales que podrían considerarse dentro de los preámbulos del Día de la Mujer. ¿Por qué es importante celebrar este día? Es una fecha que se celebra universalmente y que pone de relieve el significado del ser de las mujeres. Desde 1977, la Organización de las Naciones Unidas le ha dado vigencia universal. Las sociedades han invisibilizado el quehacer femenino, minimizándolo y desvalorizándolo, sin conciencia real de su gran aporte a la sociedad. A partir de muchas luchas, marchas y grandes discusiones, hoy hay un mayor respeto a lo femenino, aunque aún insuficiente.
La soledad en la vejez
Ahora nos acercamos al motivo de estas palabras: el efecto social y personal de la soledad, que aflige a tantas personas mayores. La soledad es un sentimiento profundo que, aunque necesario para crear, genera una sensación de aislamiento, de no ser vista ni considerada social o políticamente. Este sentimiento puede llevar a un gran desgaste físico y ser terreno fértil para enfermedades diversas, por lo que debemos elaborar estrategias para superarlo.
Una estrategia esencial, aunque difícil, es contrastar ese sentimiento negativo con pensamientos positivos. Personalmente, cuando me encuentro triste, prendo mi computador y veo algún programa de historia o de política. Estar informada de los sucesos mundiales también nos abre páginas inesperadas. Otro recurso es hacer ejercicio, comenzar con cinco minutos e ir aumentando progresivamente.
Inteligencia artificial y pensamiento crítico
Creo que la inteligencia artificial es un gran descubrimiento que puede ayudar en muchos aspectos, aunque con dos preocupaciones: la necesidad de reglamentar su uso y el gran gasto de energía y agua que genera. La capacidad de pensar es un recurso a mano que puede mejorar la vida. Hannah Arendt cree que el pensar nos convierte plenamente en seres humanos. Con el pensamiento podemos lograr realidades inimaginables y salir del estado de desánimo.
Papel de la Fundación Puentes Intergeneracionales
Finalmente, destaco la presencia de la Fundación Puentes Intergeneracionales, una entidad nueva que busca apoyar a mujeres mayores para que puedan salir a hacer sus compras, asistir a actividades culturales o simplemente pasear. Cuentan con voluntarias que realizan este rol de acompañamiento, una tarea esencial para mejorar la calidad de vida de muchas personas mayores.

